POR QUE UN CONSULTORIO PESQUERO

El Consultorio Pesquero nace a partir de la inquietud de tratar y difundir aquellos temas que son importancia para un mejor y racional uso de los recursos pesqueros. No pretende ser una página web, que ya las hay y buenas sobre temas de peces, sino que su objetivo es generar un ámbito de información y análisis para todos aquellos preocupados por la conservación y el manejo de los recursos pesqueros continentales. Asimismo, impulsa la apertura de este Consultorio, la necesidad de realizar un aporte constructivo a los problemas que aquejan fuertemente a las pesquerías continentales del país tales como:

Falta de referentes sobre que hacer y como manejar los recursos pesqueros
. El desmantelamiento de los organismos del estado en la década del 90 eliminó aquellas instituciones o áreas de organismos específicos en la temática.

Falta de conciencia y decisión política. Las aguas dulces siempre han tenido importancia secundaria a pesar de su aporte a las economías locales y regionales. Las provincias y la Nación no cuentan aún con los elementos humanos, logísticos y económicos que se requieren.

Falta de una cultura del manejo. Los problemas que tenemos en las aguas continentales hacen ya imposible continuar con la utopía que los recursos se conservan por si mismos y que no es necesario intervención alguna.

Falta de adecuada información técnica. No se dispone casi de estadísticas fiables o incluso ni siquiera desconfiables, por lo cual no conocemos el estado de conservación de las poblaciones de peces ni tenemos idea de cuanto se extrae.

Faltan de expertos y funcionarios con visiones modernas sobre manejo de recursos. Se siguen aplicando principios anticuados cuando no obsoletos, sin integrar los necesarios aspectos culturales, sociales, económicos y ecosistémicos.

domingo, 20 de julio de 2008

Talla de primera captura: Cuando la biología manda


La talla de primera captura es una de las herramientas clásicas para regular la pesca en agua dulce. Este concepto viene siendo el eje de numerosos debates entre biólogos, pescadores, funcionarios, ambientalistas, etc debido a que la Ley de la Provincia de Santa. Fe ha establecido un tamaño mínimo de 42 cm (totales) para el sábalo, mientras en Entre Ríos, en la orilla opuesta, se defendió en el pasado el criterio de establecer 40 cm. Para dilucidar cual de estos puntos de vista es el más correcto, es necesario examinar al sábalo desde una perspectiva de su desarrollo. Este pez tiene su talla de primera madurez entre 30 -35 cm, dependiendo del sexo, tamaño que alcanza pasado los dos años y que corresponde al primer desove. Sin embargo, no todos los peces maduran al llegar a dicho tamaño, por lo que este límite por definición, corresponde a la talla al cual solo se reproduce por primera vez el 50 % de la población (L50). A medida que el pez crece, como es de esperar, este porcentaje se reduce, habiéndose notado que el 100% de los individuos aparecen maduros cuando se alcanza 38-39 cm (L100), ya cumpliendo el tercer año de vida. Tenemos aquí la primera conclusión importante y es que por debajo de L100 se corre el riego de capturar peces que nunca se han reproducido. Los peces de talla L100 poseen una fecundidad moderada y su clase anual no ha alcanzado aún la máxima biomasa posible. Esta situación recién se verifica recién entre 41 y 42 cm, cuando ya los peces han desovado al menos dos veces y donde la fecundidad es aún mayor.

Pero, por otra parte, a medida que los peces crecen también se mueren por causas naturales, por lo que la estrategia es retirarlos del agua antes que estas causas reduzcan demasiado el stock. Precisamente, la talla óptima es aquella donde existe un balance entre el número de peces que sobreviven y el peso que en conjunto alcanzan por lo que en ese momento se
logra el máximo rendimiento que puede obtenerse de una clase anual.

Si la talla de primera captura se redujera a 40 cm es fácil advertir que se pescarían peces no solo por debajo de esa talla óptima, sino incluso por debajo de L100, dado que las redes enmalladoras, por su natural selectividad, permiten la captura de una cierta fracción de peces mas pequeños que lo que le corresponde a su abertura de malla. Ello implicaría retirar peces que tienen cierta probabilidad de no haberse reproducido nuna o lo han hecho solo una vez. Pero acaso, la razón más importante para no permitir pescar peces por debajo de 42 cm ya no sea biológica sino antropocéntrica. Se sabe que cuando las pesquerías ingresan en la fase de alta demanda, existe una fuerte presión para bajar la talla mínima no bien los peces de tamaño legal comienzan a mermar. Se argumenta que es necesario amortizar equipos, embarcaciones, mantener puestos de trabajo, pero pocos piensan en como responderán las poblaciones de peces. Este efecto de tobogán, muchas veces imparable, empuja a la pesquería hacia tallas menores hasta alcanzar incluso el de L50 (primera madurez), donde se capturan importantes cantidades de peces inmaduros o juveniles y se pone el recurso al borde su colapso. Este efecto de la pesca ha quedado reflejado por el reciente estudio de la Subsecretaría de Pesca (ver http://www.proteger.org.ar/doc692.html) que muestra como la talla media del sábalo se ha reducido en la última década por efecto de la pesca, comenzándose a acercar peligrosamente al umbral de L50. En una próxima consulta ampliaremos este aspecto exhibiendo información adicional que compara la población de sábalo bajo el régimen que no controlaba la pesca industrial con la existente a fines del siglo pasado.

La moraleja de ello es que toda reglamentación, por más imaginativa que sea o parezca compatible con las demandas políticas, sociales o económicas, no puede trasponer los límites dados por las características biológicas de una especie, las que en última instancia, definen las pautas de explotación del recurso. Un gran error que se comete a menudo es suponer que el recurso responderá a las normas, siendo que las mismas son las que deben acomodarse a sus características.

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